Limpiador ultrasónico JOANLAB · Serie UC
- Capacidad
- 2-28 L
- Frecuencia
- 40 kHz
1 familia de limpieza ultrasónica JOANLAB para laboratorio: limpiadores ultrasónicos. Los modelos, la configuración y la disponibilidad se confirman en la cotización.
1 familia de producto
El equipo hace vibrar el líquido a frecuencia ultrasónica. En cada medio ciclo de baja presión se forman burbujas microscópicas que colapsan en el siguiente, y junto a una superficie sólida ese colapso es asimétrico: proyecta un microchorro contra la pieza. Ese impacto despega partículas y películas de suciedad.
Se limpia sólo lo mojado: lo que asoma sobre el nivel del líquido, o la cavidad donde quedó aire atrapado, no recibe nada. Las piezas también se hacen sombra entre sí, así que amontonadas se limpian peor que repartidas en dos tandas. A cambio, el ultrasonido llega donde no entra un cepillo: roscas, ranuras, luces estrechas, vidriería de cuello angosto.
La frecuencia fija el tamaño de las burbujas y la energía de cada colapso: más baja da burbujas grandes y golpes fuertes, buenos contra suciedad adherida y duros con superficies delicadas; más alta da burbujas pequeñas y una acción suave, mejor sobre el detalle fino.
Los siete modelos de esta página declaran la misma frecuencia de trabajo, 40 kHz. Aquí la frecuencia no es una variable de elección: si tu procedimiento exige otra, ese requisito hay que plantearlo antes de cotizar.
Una solución recién puesta trae aire disuelto. Ese gas entra en las burbujas y amortigua el colapso: los primeros minutos con líquido nuevo limpian mal, y el error habitual es concluir que el equipo no rinde. El desgasificado sirve para sacar ese aire antes de cargar la cuba, y la ficha de esta página lo declara.
La temperatura empuja la química del detergente, pero más no es siempre mejor: al acercarse a la ebullición sube la presión de vapor, las burbujas se llenan de vapor en lugar de implosionar y la cavitación se debilita. El tiempo tampoco es gratis: el mismo microchorro que despega la suciedad erosiona metales blandos si la exposición se alarga.
La solución se satura y hay que renovarla, y cómo se vacía la cuba es parte de la elección. La ficha declara válvula de vaciado desde el modelo de 6 L en adelante; por debajo de esa capacidad no la declara.
Disolventes inflamables, nunca directamente: acetona, etanol, alcohol isopropílico. El procedimiento aceptado es indirecto, con agua en la cuba y el disolvente en un vaso de vidrio parcialmente sumergido, que el ultrasonido atraviesa. Cloro tampoco: el ion cloruro impide que se rehaga la capa pasiva del acero inoxidable, el material de cuba declarado, y una cuba picada termina filtrando.
Las piezas tampoco se apoyan en el fondo: el punto de contacto queda sin limpiar y ahí se concentra el desgaste. Van en canastillo o suspendidas, y la ficha no declara canastillo: conviene preguntarlo.
Las tres medidas de la pieza más grande y cuántas entran por tanda: ese dato elige el modelo mejor que los litros, porque la pieza tiene que quedar cubierta y con espacio alrededor.
El material de las piezas y qué suciedad hay que sacar, porque de eso depende la solución de limpieza y cada cuánto habrá que renovarla. También el espacio de mesón, el punto de vaciado más cercano y la alimentación eléctrica del lugar de instalación.
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